OBJETIVOS DEL MILENIO Y DESARROLLO SOSTENIBLE, NUEVO ENFOQUE Y DESAFÍOS (PRIMERA PARTE).

Por Romina Florencia Cabrera.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas son ocho objetivos que los 193 Estados Miembros de las Naciones Unidas convinieron en tratar de alcanzar para el desarrollo del futuro de la Comunidad Global.  

La Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, firmada en septiembre de 2000, compromete a los dirigentes mundiales a luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la degradación del medio ambiente y la discriminación contra la mujer. Los ODM, tienen metas e indicadores específicos, según la OMS.

Se define «el desarrollo sostenible como la satisfacción de «las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades». (Informe titulado «Nuestro futuro común» de 1987, Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo), el desarrollo sostenible ha emergido como el principio rector para el desarrollo mundial a largo plazo. Consta de tres pilares, el desarrollo sostenible trata de lograr, de manera equilibrada, el desarrollo económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente.

En 1992, la comunidad internacional se reunió en Río de Janeiro, Brasil, para discutir los medios para poner en práctica el desarrollo sostenible. Durante la denominada Cumbre de la Tierra de Río, los líderes mundiales adoptaron el Programa 21, con planes de acción específicos para lograr el desarrollo sostenible en los planos nacional, regional e internacional. Esto fue seguido en 2002 por la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que se aprobó el Plan de Aplicación de Johannesburgo. El Plan de Aplicación se basó en los progresos realizados y las lecciones aprendidas desde la Cumbre de la Tierra, y prevé un enfoque más específico, con medidas concretas y metas cuantificables y con plazos y metas.[1]

ESTADO ACTUAL.

La adopción de la Agenda 2030 marca un compromiso sin precedentes por parte de la comunidad internacional a tomar medidas en todos los niveles ya través de fronteras para responder a los desafíos globales y dirigir los recursos hacia un camino de desarrollo social y ambientalmente sostenible y resistente. Los pilares de la Agenda – los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el Marco de Acción de Sendai, la Agenda de Acción de Addis Abeba y la Nueva Agenda Urbana – ofrecen un marco coherente, coherente y holística. 

El reto de traducir el marco en acción sobre el terreno es a todos los estados miembros de la ONU, así como la comunidad empresarial, la sociedad civil y todos los interesados. El éxito dependerá de las políticas y estrategias adecuadas, en cada sector y en cada nivel. Fundamentalmente, necesitamos medios prácticos y reproducibles de la aplicación del programa y medir nuestro progreso colectivo. [2]

Aquí es donde las normas voluntarias – que utilizan indicadores simples y acordados y un lenguaje y formato familiar para las empresas, los gobiernos locales y las comunidades en todo el mundo – puede ser un recurso clave. 

Hay una amplia gama de normas que ya se relacionan con objetivos como Hambre Cero (SDG 2), la buena salud y el bienestar (SDG 3), agua potable y saneamiento (SDG 6), energía limpia y asequible (SDG 7), y acción por el clima (SDG 13). ISO 26000 – Orientación sobre la responsabilidad social – también proporciona una orientación general para las empresas y organizaciones a operar de una manera que promueva el desarrollo sostenible de una manera holística.[3]

MARCO DE ACCIÓN DEL SENDAI.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 se adoptó en la tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en Sendai (Japón) el 18 de marzo de 2015. Este es el resultado de una serie de consultas entre las partes interesadas que se iniciaron en marzo de 2012 y de las negociaciones intergubernamentales que tuvieron lugar entre julio de 2014 y marzo de 2015, con el apoyo de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, a petición de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El Marco de Sendai es el instrumento sucesor del Marco de Acción de Hyogo para 2005-2015: Aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres. El Marco de Acción de Hyogo se concibió para dar un mayor impulso a la labor mundial en relación con el Marco Internacional de Acción del Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales de 1989 y la Estrategia de Yokohama para un Mundo Más Seguro: Directrices para la prevención de los desastres naturales, la preparación para casos de desastre y la mitigación de sus efectos, adoptada en 1994, así como su Plan de Acción, y la Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres de 1999.[4]

El Marco de Sendai se basa en elementos que garantizan la continuidad del trabajo hecho por los Estados y otras partes interesadas en relación con el Marco de Acción de Hyogo, y presenta una serie de innovaciones que se solicitaron durante las consultas y las negociaciones. Muchos comentaristas han indicado que los cambios más importantes son el marcado énfasis puesto en la gestión del riesgo de desastres en lugar de en la gestión de desastres, la definición de siete objetivos mundiales, la reducción del riesgo de desastres como resultado esperado, un objetivo centrado en evitar que se produzcan nuevos riesgos, la reducción del riesgo existente y reforzar la resiliencia, así como un conjunto de principios rectores, incluida la responsabilidad primordial de los Estados de prevenir y reducir el riesgo de desastres, y la participación de toda la sociedad y todas las instituciones del Estado. Además, el alcance de la reducción del riesgo de desastres se ha ampliado considerablemente para centrarse tanto en las amenazas naturales como de origen humano, así como en las amenazas y los riesgos ambientales, tecnológicos y biológicos conexos. Se promueve plenamente la resiliencia sanitaria.[5]

El Marco de Sendai también expresa lo siguiente: la necesidad de comprender mejor el riesgo de desastres en todas sus dimensiones relativas a la exposición, la vulnerabilidad y características de las amenazas; el fortalecimiento de la gobernanza del riesgo de desastres, incluidas las plataformas nacionales; la rendición de cuentas en la gestión del riesgo de desastres; la necesidad de prepararse para “reconstruir mejor”; el reconocimiento de las partes interesadas y sus funciones; la movilización de inversiones que tengan en cuenta los riesgos a fin de impedir la aparición de nuevos riesgos; la resiliencia de la infraestructura sanitaria, del patrimonio cultural y de los lugares de trabajo; el fortalecimiento de la cooperación internacional y las alianzas de trabajo mundiales y la elaboración de políticas de los donantes y programas que tengan en cuenta los riesgos, incluidos los préstamos y el apoyo financiero brindados por las instituciones financieras internacionales. Asimismo, la Plataforma Mundial para la Reducción del Riesgo de Desastres y las plataformas regionales para la reducción del riesgo de desastres se reconocen claramente como mecanismos que refuerzan la coherencia entre las agendas, el seguimiento y las revisiones periódicas como apoyo a los organismos de gobernanza de las Naciones Unidas.

Se ha encargado a la UNISDR que ayude a la implementación, el seguimiento y la revisión del Marco de Sendai.[6]

AGENDA DE ACCIÓN DE ADDIS ABEBA.

Los 193 estados miembros de la ONU presentes en la III Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo que concluyó el en 2015, en la capital de Etiopía han logrado un “acuerdo histórico”, según Naciones Unidas, para generar recursos que garanticen la futura agenda del desarrollo global sostenible.

“Es un paso fundamental en la construcción de un futuro sostenible para todos. Proporciona un marco global para la financiación del desarrollo sostenible”, ha subrayado el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en un comunicado difundido por la Conferencia de la ONU, en esa oportunidad del pasado 2015. [7]

La financiación a través de la colaboración público-privada y la mejora de sus sistemas de recaudación nacionales son algunas de las medidas contenidas en la Agenda de Desarrollo de Adis Abeba, aunque finalmente se ha descartado la creación de una agencia de la ONU dedicada a la lucha contra el fraude fiscal, que ha sido el principal escollo de las negociaciones.[8]

El documento, firmado tras meses de negociaciones, contiene más de 100 iniciativas concretas para mejorar las fuentes de financiación de los países emergentes y será el la base para asegurar la financiación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que constarán de varias metas, entre ellas la erradicación de la pobreza, la mejora del acceso al agua y al saneamiento o la lucha contra el cambio climático. Todas ellas serán las que sustituyan a los hasta ahora vigentes Objetivos de Desarrollo del Milenio para contribuir a un desarrollo mundial sostenible.

La Agenda de Adis Abeba recoge medidas para ampliar la base de ingresos, mejorar la recaudación de impuestos y luchar contra la evasión fiscal y los flujos financieros ilícitos, según el comunicado de la Conferencia.[9]

NO A LA AGENCIA CONTRA EL FRAUDE FISCAL

Varias ONG se han quejado de que finalmente los países desarrollados no hayan aceptado la creación de una agencia para luchar contra el fraude fiscal. Entre ellas, Action Aid y Financial Transparency Coalition han subrayado que esta nueva entidad daría a todos los países la misma representación y, sobre todo, permitiría a los que se encuentran en vías de desarrollo proponer reformas que favorecieran sus intereses, ya que el montante que se evade cada año supera la ayuda al desarrollo que reciben.

En la conferencia, los países ricos también se han comprometido a mantener sus ayudas al desarrollo en el 0,7 % o aumentarlas en casos como la Unión Europea, que promete destinar un 0,2 % de su ingreso nacional bruto para el año 2030. 

En los sectores que necesitan mayores inversiones —la energía, el transporte, agua y el saneamiento— se han alcanzado acuerdos de cooperación internacional para movilizar recursos, con mecanismos como el nuevo Foro Mundial de Infraestructuras. También se ha acordado un nuevo pacto social en favor de grupos vulnerables y gravar sustancias nocivas como el tabaco para disuadir su consumo y aumentar los recursos nacionales.

En definitiva, según el documento, “cada país tiene la responsabilidad primordial de su propio desarrollo económico y social y que el papel de las políticas nacionales y estrategias de desarrollo no puede ser exagerada”.[10]

[1] ONU. Naciones Unidas. Sitio Web: http://www.un.org/es/ga/president/65/issues/sustdev.shtml. Fecha de Consulta del Sitio: 4/2/2017.

[2] “Las Claves para desbloquear los objetivos del desarrollo sostenible?”.  Comunidad DiploFoundation, Suiza. Plataforma de Ginebra. Sitio Web: https://www.diplomacy.edu/calendar/webinar-standardisation-key-unlock-sustainable-development-goals. Fecha de Consulta del Sitio Web: 2/2/2017.

[3] Óp. Cit. 1

[4] Cascos Blancos, Herramienta de accesibilidad de Cancillería Argentina. Marco de Sendai para la Disminución de Riesgos de Desastre. Sitio web: http://cascosblancos.gob.ar/es/marco-de-sendai-para-la-reduccion-del-riesgo-de-desastres . Fecha de Consulta del Sitio: 4/2/2017. Cascos Blancos es el organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina encargado de diseñar y ejecutar la asistencia humanitaria internacional. Desarrolla sus actividades – guiado por el principio de no indiferencia entre los Estados – a través de un modelo de trabajo basado en la cooperación, la solidaridad y la participación comunitaria. Es enteramente civil y se apoya en un cuerpo de voluntarios nacionales e internacionales. Esta Iniciativa Argentina actúa a solicitud del Estado afectado o en el marco de un llamamiento internacional humanitario, bajo los principios de imparcialidad, neutralidad, independencia y humanitarismo. Desde su creación en 1994, Cascos Blancos ha desarrollado más de 283 misiones de asistencia humanitaria en los 5 continentes. Cuenta con una red de vinculaciones de cooperación bilateral y multilateral internacional a través de la cual coordina la respuesta inmediata ante desastres socionaturales, actúa en tareas de rehabilitación, reconstrucción y desarrollo, y promueve la prevención y la gestión del riesgo. Con 22 años de trayectoria y de respeto al Derecho Internacional y los Derechos Humanos, se ha convertido en una política de Estado y en una herramienta fundamental de la política exterior argentina. La iniciativa Cascos Blancos fue avalada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994 (Res 49/139B) y por la Organización de Estados Americanos-OEA en 1995 (Res 1351/XXV-0/95). A partir de ello, firmó acuerdos, memoranda de entendimiento y otros instrumentos de cooperación con diversos organismos del Sistema Internacional, lo que muestra el reconocimiento que la Comisión Cascos Blancos tiene alrededor del mundo. La última resolución de evaluación positiva de las Naciones Unidas es del 10 de diciembre de 2015.

[5] Óp. Cit 4. 

[6] Óp. Cit.4.

[7] “Acuerdo Histórico para financiar la Nueva Agenda de Desarrollo”. Diario “El Páis”. Sitio Web: http://elpais.com/elpais/2015/07/16/planeta_futuro/1437040088_874974.html . Fecha de Consulta del Sitio: 5/2/2017.

[8] Óp. Cit. 7.

[9] Óp. Cit. 7.

[10] Óp. Cit. 7.

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